El productor Daniel Bianciotti, integrante de Quillenberries SA, advirtió sobre las dificultades estructurales que enfrenta el sector frutihortícola, al señalar la falta de planificación empresarial, estudios de mercado y estrategias de comercialización antes de iniciar la producción. “Si logramos analizar el problema del productor frutihortícola, en general no tiene ningún tipo de estructura empresarial. Eso incluye hasta los aspectos netamente técnicos, lamentablemente. Por lo tanto, busca como primera medida producir frutas y hortalizas y después piensa a quién le va a vender”, indicó.

El productor planteó la falta de una planificación previa en el sector y remarcó que, en muchos casos, la decisión de producir no está acompañada por un análisis de las posibilidades de comercialización. “Es una lástima que el productor frutihortícola no haga un estudio previo de mercado. No hay una logística, no se tiene una estrategia de a quién se le va a vender”, sostuvo.

Y agregó: “El productor produce y produce, y no sabe si produce poco, produce mucho, cada vez quiere producir más y después ve a quién se lo vende. En general, envía lo que produce a los mercados concentradores de fruta fresca, y si hay oferta grande los precios caen y si no hay oferta os precios suben mucho. Es lo que pasa siempre en los mercados frutihorticolas como los nuestros”.

Otro tema punto que Bianciotti destacó es el ingreso al país de frutillas: entraron más de 1.700 toneladas, según datos aportados por el Senasa, lo que complicará esta campaña, seguramente.

A esto se sumaron las condiciones climáticas adversas, con una importante cantidad de lluvias y numerosos días de llovizna, que afectaron significativamente la calidad de la producción. Por ese motivo, la cosecha selectiva se volvió primordial para llegar a los mercados con productos de calidad y en condiciones sanitarias adecuadas. Sin embargo, esta situación también provocó una caída en los rendimientos, que actualmente se encuentran muy por debajo de los registrados el año pasado.

Según señaló, el problema no solo afecta a la producción local, sino también a otras zonas productivas. “Yo creo que este cambio climático vino para quedarse”, advirtió.

Sobre las importaciones de 1.700 toneladas de frutilla, consideró que la situación “asusta mucho”. Explicó que entre febrero y septiembre falta fruta porque no existe capacidad de almacenamiento y congelado suficiente ni apoyo financiero para conservar la producción. En ese contexto, señaló que durante esos meses se consigue fruta a muy bajo precio en el resto del mundo.

Además, se está plantando más de la cuenta en la zona de producción. “Cuando sale toda esta fruta tenemos un gran problema, ya que el mercado de fresco se termina rápido y comienza el mercado industrial, se debe hay que congelar toda esa fruta. Es tema grave, ya que se pasó de 400 hectáreas a 550 en este momento en Lules, pero la capacidad frigorífica sigue siendo la misma, sigue siendo para 400 hectáreas”, dijo.

“Como consecuencia, hay mucha fruta que no se puede congelar ni guardar. Además, se presenta el problema financiero de afrontar todos los costos y tener que esperar, en algunos casos, hasta seis meses para venderla. Eso lleva a que las empresas importen frutillas incluso en una zona de producción. Es un tema para tener en cuenta”, explicó.

En este escenario toma mucho protagonismo la parte industrial y la parte comercial, ya que los productores deben llegar a los mercados no solo con una fruta, sino con una paleta de productos. “Vendemos maracuyá congelado, mango congelado, frutilla congelada, arándano congelado, frutos rojos, ananá. Trabajamos mucho para no transformarnos en un mero vendedor de, por ejemplo, mermelada de un solo gusto, algo imposible que te compren ese solo producto. Para tener una paleta de productos, hay que invertir en infraestructura e integrar producciones, conocer los mercados, saber no producir de más y no estoquearte de más. En los últimos dos o tres años es la tendencia de esta actividad”, enfatizó.

Sobre la producción de maracuyá propia, indicó que del 100% de lo que se produce como empresa, solo el 5% va al mercado concentrador como fruta fresca y el 95% se comercializa como pulpa congelada en envases, por lo general, de un kilo, que va directamente al consumidor.

“Hoy, la robotización y toda la tecnología de que se puede aplicar, se está aplicando como para achicar los costos en la parte industrial. Este proceso escapa a las posibilidades del productor mediano y chico. Si bien Tucumán tiene mayor desarrollo en plantaciones y en ventas de maracuyá, no es un cultivo fácil, sobre todo en el aspecto comercial. Generalmente, debe venderse con otros productos y desarrollar el proceso con tecnología”, finalizó.